“There’s no such thing as Society”, dijo Margaret Thatcher, y aún así, seguimos siendo seres sociales que conviven, que crean lazos, alianzas… Y que trabajamos juntos. Normalmente, ni siquiera sólo con otros seres humanos, sino también con otros seres vivos, con tecnologías e instituciones.

El tema de cómo definir lo que llamamos “sociedad” – digamos, de “reensamblar lo social” 😉 – lo dejaré para más adelante. Hoy me quiero enfocar en eso que llamamos “stakeholders” (”partes interesadas”, “agentes”, “actores”… como queramos traducirlo al castellano). Y en las alianzas y relaciones estratégicas.

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Cómo las RELACIONES te permiten alcanzar el impacto que quieres

Un grupo de estudiantes de mi asignatura “Innovation & Design” en la UPV, entre otras propuestas para desarrollar una solución (basada en “Producto-Servicio”) a su reto relacionado con el residuo de packaging, propusieron un sistema de estandarización del packaging para favorecer su retorno y reutilización. Ambicioso. Pero les tuve que decir “eso no lo consigues creando una empresa en torno a un producto-servicio, eso lo consigues haciendo lobby” – Lobby del “bueno”, si es que nos podemos permitir ponerle categoría moral a esa acción de hacer presión. ¿Cómo vas, como empresa, a ofrecer un producto “estandarizado” si no hay normas que digan que debe ser estandarizado y si el resto de empresas de tu competencia no estandariza el suyo? Lo que quería hacerles ver, es que hay cuestiones que son colectivas. Y eso me llevó a explicarles cómo había decidido formar parte del Clúster de Sostenibilidad de la Comunidad ValencianaSECMACV, un proyecto colectivo de nivel territorial.

Quizá, un ejemplo de “lobby del bueno” son las Asociaciones de Diseño del territorio español, adheridas a READ (Red Española de Asociaciones de Diseño), gracias a las cuales se han conseguido muchas mejoras para el sector (p.ej. en cuanto a reducción de prácticas especulativas de contratación). Y que, por supuesto, no podrían haberse conseguido desde una agencia o estudio de diseño de forma aislada.

Pero más allá de clústeres y asociaciones, hay muchos ejemplos de proyectos y empresas que son una muestra viva de que, sin alianzas, no se funciona, no se sobrevive, no se impacta. Sin ir más lejos, CDTMCenter for Digital Technology and Management, programa de innovación del cual participo en la gestión. En realidad, CDTM es un programa inter-universitario con más de 25 años de experiencia en Munich, donde funciona como joint venture de las dos universidades públicas más fuertes de la ciudad: TUM y LMU. Hace tres años llega a Valencia de la mano de la UPV y la UV. Sobre todo, CDTM es un nudo de alianzas: estas universidades, las instituciones públicas locales y regionales que lo financian y apoyan, las empresas que colaboran como socias de proyecto (”project partners”), otras entidades del ecosistema de innovación como Startup Valencia o el Parc Tecnològic… Podríamos decir que es una gestión de stakeholders bastante compleja.

¿Qué hay de las PYMEs? Establecer, desarrollar y/o aprovechar las alianzas apropiadas han permitido que se hagan realidad proyectos como EVERMUTE by ABSOTEC – de cuyo diseño fuimos parte -, la nueva marca GERMANETS de FILCOR, o el reconocido ejemplo de FAIRPHONE (y su alianza con iFixit).

Construyendo ALIANZAS de forma metodológica

Este concepto de “stakeholders”… si te dedicas a la sostenibilidad, o incluso a la estrategia empresarial en general, lo conoces seguro. Mucha gente habla de la necesidad de transitar del “capitalismo de los shareholders” (accionistas) al “capitalismo de los stakeholders” (partes interesadas). Es el principio sobre el que se sustentan el movimiento BCorp, los estándares GRI y muchos otros avances, normativas y teorías sobre Sostenibilidad. Por ello, me gusta emplear esa herramienta llamada “Mapa de Stakeholders”, que no es otra cosa que una representación visual de todo nuestro ecosistema: competidores, clientes, colaboradoras, proveedores, sector público, medios de comunicación, entidades de investigación, asociaciones, accionistas, el propio medioambiente… todas aquellas entidades y organizaciones, personas, seres vivos, que se ven o podrían ver involucradas de alguna manera en nuestra actividad. Algunas, de una forma muy clara y directa (a nuestros clientes, les ofrecemos nuestro producto/servicio), pero otras de formas menos visibles (sobre nuestro entorno natural depositamos residuos que le afectan, pero también nos ofrece recursos clave para nuestra actividad empresarial y nuestra vida). Nos gusta partir de este análisis, explorando todas las interrelaciones del sistema, para identificar qué posibles alianzas tienen sentido para nosotros, cuáles ya tenemos en marcha, qué puede estar funcionando y qué no.

Más allá de la herramienta, aquí van algunas claves y aprendizajes de los distintos procesos y proyectos donde he estado participando:

⚪️ Las alianzas no son contactos “fríos”, sino compromisos. Se construyen con acuerdos, confianza mutua y seguimiento constante. Requieren intención y dedicación. En definitiva, son “relaciones”.

⚪️ Las relaciones no se fuerzan, se cultivan. No se trata de “convencer” a alguien para que se una a tu proyecto – que sí, también, a veces – sino de explorar conjuntamente si tiene sentido caminar juntas. Y eso implica conversar, entender intereses y abrir espacio a lo inesperado.

⚪️ Cuida el vínculo, incluso cuando no hay proyecto. Muchas de las alianzas más sólidas surgen de relaciones que se han cuidado en el tiempo, sin urgencias ni objetivos inmediatos. Una conversación, una colaboración pequeña o un interés compartido hoy, pueden convertirse en una gran oportunidad mañana. Siempre pongo como ejemplo algunos de los proyectos que he venido realizando junto con varias entidades, en cooperación, bajo convocatorias de financiación pública (por ejemplo, fondos de la GVA). Para cuando sale la convocatoria que nos encaja, y tenemos formulado un proyecto desde el consorcio en cuestión, en realidad han pasado meses y, a veces, años, de conversaciones, de trabajar juntas en otros proyectos, de mantener una relación.

⚪️ Comparte el propósito y la visión, no la tarea. Las alianzas que realmente prosperan no giran solo en torno a objetivos operativos, sino a visiones compartidas de transformación. ¿Para qué trabajamos juntas? ¿Qué queremos cambiar? Esa es la conversación más estratégica. Y, por supuesto, tiene todo que ver con ese propósito del que hablábamos anteriormente.

⚪️ ¡Prototipa! Prueba lo que funciona, explora, itera, cambia si es necesario. Algunas alianzas llegan a su fin natural, otras deben reformularse, y otras nuevas deben nacer. No idealices ni te aferres: mantén la honestidad con los ciclos de vida de cada relación. Sin dejar de cuidarlas, claro.

💫 Y tú, ¿con quién te relacionas? ¿Cómo? ¿Bajo qué valores o criterios? – Si quieres seguir contribuyendo a la conversación y participando en la comunidad, puedes encontrarnos en Substack.